Y aquí está mi post carpetero sobre “Alicia en el país de las maravillas”, cuyo estreno estaba esperando desde hace mucho tiempo y que, como buena fans que soy, m'ancantao!. Con reservas, sí, pero ya está bien de muchas de las críticas que la dejan por los suelos cuando esta peli tiene también sus cosas buenas (la mayoría) y va siendo hora de defenderla un poquito.
Para empezar, fui a ver esta peli en 2D y en V.O. Lo primero porque el invento este del 3D no me termina de convencer y que, al ser un añadido a posteriori a la peli, pues por lo visto se ve todo como oscuro y no quería perderme los colores de los decorados ni del país de las maravillas por nada del mundo. Y lo de la versión original es una manía que estoy cogiendo últimamente porque estoy harta de doblajes malísimos y de voces que no pegan ni con cola con los actores (suele pasar más en las series que en las pelis) o de pasarme todo el rato sin concentrarme en la peli pensando de qué me suena una voz determinada, para terminar descubriendo que es la de Marge Simpson o la de Bruce Willis. En mi opinión, creo que es la mejor elección para disfrutar del cine sin distracciones.
Respecto a la película en sí, me he quedado enamoradísima del universo que ha creado Tim Burton, para variar. La llegada de Alicia al país de las maravillas es un derroche de colores y originalidad, el castillo de la Reina Roja me encantó (quiero una reproducción en miniatura ya! XDDD) y ciertas vistas generales me dejaron sin aliento. Además, me gustaron muchos las nuevas criaturas que ha introducido en la historia (como los monstruos que sirven a la Reina Roja) y la interpretación de otras más tradicionales: los gemelos Tweedledee y Tweedledum son adorables, el gato de Cheshire es un simpático y cínico embaucador, aunque se echa de menos que intervenga un poco más en la historia y la liebre es un personaje loquísimo y divertido.
Además, la historia me ha resultado muy entretenida, sin un momento de aburrimiento y con ciertas lecturas más “profundas” que el puro divertimento, como por ejemplo la soledad de la Reina Roja y su necesidad de ser amada, que sólo se vislumbra en algunas escenas, pero que la convierte en uno más de los personajes atormentados de Burton (aparte de que a mí Helena Boham Carter me cae genial y eso hace que ya la mire con buenos ojos a priori). Y lo mismo pasa con la “transformación” de Alicia, su reivindicación de su personalidad independiente y su reafirmación para ser dueña de su propio destino.
INCISO: A todo esto, decir que los modelitos “despreocupados” de Alicia me han encantado. Esa apariencia de desidia en plan de “Oh! He encogido pero con el calcetín me hago un vestido monísimo de rayas y cuello amplio de volantes que voy monísima de la muerte e ideal” y “Vaya! He encogido aún más pero con un trozo de lazo del calcetín el Sombrero me ha hecho este modelito en plan improvisado, una nimiedad, pero voy estupenda con mi vestido vaporoso palabra de honor con flor en el escote incorporada. Si es que con cualquier trapito me saco partido” o “¡Qué contrariedad! Hay que darle algo de ropa a esta chica enorme. Pues nada, coged las cortinas del palacio y en un pis pás tenemos listo un vestido estampado con falda de vuelo como quien no quiere la cosa que te va a quedar como un guante. Pero vamos, que no es para tanto, que aquí cualquiera con un par de telas se hace un look de lo más apañado en cero coma” xDDD. La verdad es que los estilismos eran preciosos, pero me reí mucho con la aparente “improvisación”. FIN INCISO.
De todas formas, tengo que reconocer que se nota la “mano Disney” detrás de la película y que es mucho menos oscura que otras pelis de Tim Burton, con un argumento más lineal y más simple, y es justo ahí donde a mí me falla un poco todo el asunto. Porque habría sido estupendo que la Reina Blanca, en lugar de ser lo más bueno y puro y limpio de corazón que haya existido jamás, en realidad hubiera tenido un lado malvado. Pero no una maldad como la de la Reina Roja, que en realidad es una necesidad de cariño mal llevada, sino una maldad de las que vienen con la superioridad, de esclavizar a la gente que tienes a tu alrededor porque son inferiores a ella y en realidad está convencida de que lo hace por el bien de sus súbditos, aunque el único problema sea que ellos no sepan en realidad lo que les conviene. Me habría encantado ver esa contraposición de malicias y una confrontación entre ambas Reinas que le habría dado a la película, en mi opinión, la profundidad que eché en falta.
También me chirrió un poco la supuesta tensión sexual no resuelta que había entre Alicia y el Sombrerero Loco (personaje encantador, pero que no aporta nada nuevo con respecto a otros personajes de Burton) No sé si fue una exigencia Disney de que hubiera algo de amor por alguna parte, o si Tim Burton tenía otra cosa en mente y al final se desvió del camino, pero no lo entendí en ningún caso.
Aún así, me pareció una peli entretenida a más no poder y que disfruté muchísimo, no de las mejores de Tim Burton, pero muy buena comparada con otras muchas que se estrenan hoy día y que no le llegan a la suela de los zapatos. Pero está claro que a Burton se le exige mucho más, y por eso también se le critica con más ahínco, porque si la hubiera dirigido cualquier otro director todo el mundo estaría lanzando cohetes y alabanzas, pero en este caso el listón está mucho más alto, que es lo que suele pasar con las expectativas.
Así que a mí me pareció una peli ideal para ir a pasar un buen rato al cine, con una buena historia. Ni más... ni menos.
lunes, 26 de abril de 2010
Las maravillas de Tim Burton
sábado, 24 de abril de 2010
Cambios primaverales
Por mucho que las lluvias inesperadas se empeñen en hacernos creer lo contrario, la primavera ya está aquí y este año el contraste ha sido más claro que nunca. Después del invierno que hemos tenido (congelación total), yo estoy encantada de la vida con el solecito, las incipientes terracitas, las tardes luminosas, los pájaros pían, las plantas florecen... xDDD en fin, que es una gozada. Y no sé por qué pero este año me ha alegrado más y me ha hecho sentir mucho más animada que otras veces.
Así que estoy como en éxtasis y con unas ganas locas de que me dé el aire. El otro día iba en coche por Madrid y sólo ver los tulipanes tan bonitos que han puesto en los parterres de muchas calles del centro me puso de buen humor. Es como verlo todo bajo una luz diferente y me encanta esa sensación.
Además, los cambios que la primavera ha traído a mi vida han hecho que, a partir de ahora, la vista que tengo durante todo el día es impresionante, una parte de Madrid que no conocía mucho, pero que me parece preciosa y me ayuda a despejarme cuando me pongo de los nervios.
Sólo me falta que deje de llover definitivamente para poder montar otra cena en mi azotea y entonces ya todo será perfecto.
jueves, 15 de abril de 2010
Crumble de fresas

Ahora que llega la época de fresas, éste es un postre ideal para comerlas de una forma diferente. Es muy fácil y rápido de hacer y el resultado es espectacular, hasta que no lo terminas no puedes dejar de comerlo porque la mezcla de la masa del crumble con la acidez de la fresa está buenísima. Yo lo hice el año pasado y repetí varias veces y ahora que vuelven las fresas, es el momento de volver a hacerlo, así que en cuanto tenga un rato libre (oh, utopía!) cae seguro. Siento tener sólo una foto, pero en aquel entonces no tenía costumbre de hacer fotos a mis postres, pero al menos se ve cómo debe quedar de textura la masa (con grumos) y un poco el resultado. En fin, al lío.
INGREDIENTES:
- 200 gr harina
- 100 gr mantequilla
- 75 gr azúcar
- 500 gr de fresas
- 4 cucharadas de azúcar glass
PREPARACIÓN:
Lavamos las fresas y las partimos en trozos (si son pequeñas, basta con partirlas por la mita, si son más grandes, pues en tres o cuatro trozos, pero que sean todos aproximadamente del mismo tamaño).
Ponemos las fresas en un bol, añadimos el azúcar glass y mezclamos. Colocamos esta mezcla en el recipiente donde vayamos a hacer el crumble. Puede ser uno grande o varios pequeños para raciones individuales pero en todo caso debe ser apto para el horno. Yo usé uno de estos moldes de aluminio deshechables que venden en los chinos y viene bastante bien. Reservamos.
Por otro lado, ponemos la harina, la mantequilla y el azúcar en un bol y lo mezclamos con cuidado con las manos (bien limpitas, eh? xDDD) hasta que quede una masa grumosa, a medio camino entre arenosa y con tropezones, para que luego quede la textura adecuada.
Ponemos la masa por encima de las fresas y metemos en el horno precalentado a 200º durante 20 minutos o hasta que este dorado por arriba y veamos que las fresas ya han soltado el almíbar.
Como veis, es facilísmo de hacer y se pueden introducir variaciones con otras frutas. Yo una vez lo intenté con piña y fresas pero no os lo recomiendo porque la piña en el horno queda rara, pero un crumble de manzana asada tiene que estar también para caerse de espaldas, así que puede ser una buena opción si no os gustan las fresas.
Por cierto, la receta (con modificaciones) la tomé de aquí.
martes, 6 de abril de 2010
Bienvenidos a la vuelta al mundo.

Teniendo en cuenta que yo “sólo veo la televisión por internet” (como dice una amiga mía), era inevitable que cayera en el vicio de los realities americanos. Lo malo es, que una vez que te enganchas, estás perdido porque, si algo le tengo que reconocer a los ciudadanos USA es que son únicos para hacer televisión, para generar el interés del espectador y mantenerlo pegado a la pantalla.
Cuando digo que veo realities, la gente suele mirarme con mala cara porque en España tenemos referentes que dejan mucho que desear: personajes sin carisma y con mucho morro, galas interminables hasta la madrugada, televoto por doquier, trapos sucios en programas satélite de la cadena... vamos, lo mejor de cada casa. Pero eso es porque no han visto ningún reality americano.
Para empezar, está todo pregrabado, lo que permite mostrar al espectador lo que vaya a ser realmente relevante durante el transcurso del programa y te permite seguir el desarrollo del programa en capítulos de 45 minutos en los que se condensa toda la acción de forma dinámica. Por eso, una vez empiezas a verlos, caes en sus garras irremisiblemente.
Y eso es lo que me pasó con The Amazing Race (aka El Gran Reto), el más mejor reality de todo el mundo y parte del extranjero, según mi opinión. El único reality en el que, si pudiera, participaría, con los ojos cerrados, sin dudarlo, sería feliz sólo de poder participar, y eso por mi parte es decir mucho. Lástima que no sea ciudadana estadounidense (y lástima que, con mi forma física y mi despiste innato, si me dejaran entrar duraría 5 segundos, pero yo la ilusión no la pierdo).
El planteamiento es bien sencillo: 12 o 13 equipos hacen una gymkana por etapas. El que llega el último, queda eliminado. En la última etapa, en la que compiten tres equipos, gana el que llegue el primero. El truco está en que las pruebas se hacen por todo el mundo y eso, claro, es lo que le da emoción al asunto y hace que sea tan impresionante.
Porque los equipos se despiertan una mañana en Amsterdam y, después de tener que buscar una bicicleta marcada en los inmensos parkings de bicis de la ciudad, tienen que correr al aeropuerto para viajar hasta la India, buscando la combinación de aviones más rápida y eficaz. Una vez allí, se lanzan a las bulliciosas calles de la ciudad para encontrar una pista que les manda en tren a un templo de un pueblo cercano (o no, a saber). Todo eso para llegar y descubrir que el templo está lleno de ratas, a las que adoran allí, y que uno de los miembros del equipo debe recorrer todo el edificio descalzo entre tan encantadores roedores para encontrar la pista que les permita dirigirse a la parada de la etapa. Y esto es sólo un ejemplo.
Así que si juntas los viajes y los contrastes de localizaciones, las pruebas que recrean costumbres locales, un casting que suele ser muy acertado, con unas parejas carismáticas y otras odiosas a más no poder, te encuentras con un programa apasionante, divertido, entretenido y que hace que te involucres desde la primera etapa. Porque siempre tendrás unos favoritos a los que apoyarás como si fueras tú mismo el que estuviera dando tumbos por el mundo; y una pareja odiada cuya expulsión ansiarás en cada episodio, para que reciban su merecido. TAR no deja indiferente y ahí radica gran parte de su éxito.
Por eso, lleva ya 16 temporadas y sigue siendo uno de los programas más vistos en USA, y tiene una legión de fans que organizan convenciones cada año para reunirse con los participantes. Es impresionante sólo pensar el trabajo de producción que debe llevar organizar este programa para rodarlo por todo el mundo y el esfuerzo que deben hacer todos los miembros del equipo para conseguir que todo funcione como un reloj. A mí me deja asombrad sólo de pensarlo. Debe ser impresionante poder formar parte de algo así.
De hecho, uno de mis deseos secretos (bueno, a partir de ahora ya no), sería algún día ir paseando por Madrid y encontrarme con el rodaje de una etapa de TAR en España. Para empezar (y esto lo tengo clarísimo), me ofrecería a ayudar a la pareja que fuera, sólo para poder “participar” en el programa, aunque fuera unos minutos; aunque vamos, si hay que coger un coche e irse a Toledo o a donde fuera, yo voy encantada que por algo es TAR. Y para seguir, llegaría como fuera a la parada en ruta para ver a Phil (el presentador), que es de lo más carismático y me cae de maravilla, sólo para decirle que en España tiene una fan. Lo sé, esto es muy friki, pero yo soy así, quizás no debería confesar estas cosas. Y sí, también lo sé, es algo que no pasará nunca, pero de ilusiones también se vive y yo soy feliz pensando que algún día podría pasar.
En la actualidad están poniendo en USA la temporada 16, y los participantes son de lo mejorcito: un par de cowboys que cumplen el estereotipo al milímetro, una pareja de modelos que son lo más simple que he visto en mi vida, una pareja lesbianas odiadas por todos pero que a mí me caen genial, un padre y una hija encantandores, unos ex-concursantes del Big Brother despistadísimos, unos hermanos de lo más divertido... les ha quedado un casting redondo. Y el giro de algunos capítulos está siendo de infarto, así que merece mucho la pena.
Como veis, poco más tengo que decir para explicar por qué este programa es mi reality preferido y por qué espero cada temporada con expectación. Si aún no lo habéis visto, no lo dudéis, aunque ya os aviso, esto engancha y con 16 temporadas por ver tenéis muchas horas de televisión por delante, así que luego no me echéis las culpas a mí. Eso sí, lo que también está claro es que serán horas bien empleadas, porque lo pasaréis genial, sin duda alguna.
Bienvenidos a la vuelta al mundo. Bienvenidos a The Amazing Race.
lunes, 5 de abril de 2010
domingo, 31 de enero de 2010
Tarta tres chocolates

A petición popular (bueno, en realidad tres personas, pero dejadme que me ilusione) voy a poner la receta de una de mis tartas estrella, la que más veces he hecho y que triunfa allá donde la llevo: la tarta de tres chocolates.
Esta tarta anda por todo internet (yo la he visto en muchos blogs) y la verdad es que no es para menos, está buenísima, entra por los ojos, parece mucho más difícil de lo que es y nunca falla. Lo malo es que si se hace a la forma tradicional, es decir, si no eres un afortunado con Thermomix, es muy pesada de hacer y hay que estar todo el rato removiendo, así que hay que tomarla con ganas, aunque luego el resultado merece MUCHO la pena. En fin, al lío.
INGREDIENTES:
- 500 gr de chocolate negro.
- 500 gr de chococolate con leche.
- 500 gr de chocolate blanco.
- 1200 ml de nata líquida.
- 1200 ml de leche
- 6 sobres de cuajada.
- Bizcochos de soletilla.
- Una taza de café con leche.
ELABORACIÓN:
Primero hacemos la base de la tarta. Para ello, empapamos los bizcochos de soletilla en el café con leche y los ponemos en el fondo de un molde desmontable.
Luego, tenemos que hacer las tres capas de chocolate. Para cada capa necesitaremos:
- 500 gr chocolate (puro, con leche o blanco)
- 400 ml de nata líquida
- 400 ml de leche
- 2 sobres de cuajada
El procedimieno es siempre el mismo: ponemos en un cazo la nata y la leche (reservamos medio vaso para la cuajada) y dejamos que se caliente. Cuando esté a punto de hervir, echamos el chocolate y removemos hasta que se haya fundido. Entonces disolvemos los dos sobres de cuajada en el medio vaso de leche que hemos reservado y lo añadimos también al cazo siguiendo las instrucciones de la caja (hay que remover durante 10 minutos, pero mejor hacer caso a las instrucciones).
A continuación, echamos sobre la base del bizcocho y procedemos a hacer las siguientes capas de chocolate. Yo empiezo con el chocolate puro, sigo con el de leche y luego el blanco, pero podéis hacerlo en el que prefiráis.
Se hacen las otras dos capas, se vierten en el molde y luego se mete en el frigorífico hasta que cuaje (unas cuantas horas). Decoramos al gusto y... ¡a comer!
CONSEJOS VARIOS:
- Como veis por las fotos, puede hacerse tanto en molde grande, como en moldes individuales (en mi caso, era un vaso). Eso va a gusto del consumidor. Por cierto, perdón por la calidad de las fotos, pero hace tiempo que no hago esta tarta y son muy rudimentarias. Sobre todo por la decoración, que otras veces me ha quedado mejor, pero bueno, si vuelvo a hacer la tarta, actualizaré con fotos más decentes.
- Yo uso tantas cantidades porque mi molde de la tarta es enorme (no sé los centímetros, lo siento), por eso doblé las "cantidades estándar", lo digo para que, a la hora de calcular, no os asustéis de ver tanto chocolate, porque a mí me sale una tarta inmensa, de la que salen fácilmente 12 porciones grandes y contundentes.
- Yo no le pongo nada de azúcar a esta tarta porque me gusta mucho el sabor del chocolate y no quiero enmascararlo y porque si lo hago creo que quedaría demasiado dulzón y empalagoso, aunque eso va por gustos.
- Lo más complicado de esta tarta es evitar que se mezclen las capas. Por eso, hay que dejar enfriar un poco la capa de abajo antes de echar la siguiente pero si se enfría demasiado no se pegarían y luego las capas resbalarían. Para evitar eso, lo mejor es rallar ligeramente la superficie de cada capa con un tenedor antes de echar la siguiente y así seguro que sale perfecto. Tambien es recomendable llevar mucho cuidado al verter cada capa para que no haga agujero en la de abajo, así que mejor ayudarse con una cuchara o algo para que caiga más suave.
- Las primeras veces que hice esta tarta desmigaba los bizcochos de soletilla que me sobraban de la base y lo mezclaba con el chocolate con leche antes de echarlo en la tarta, de manera que quedaban dos capas (la de chocolate blanco y las de chocolate negro) a la manera tradicional y la del medio era más esponjosa y tenía una textura distinta. El resultado también está buenísimo, así que os lo recomiendo.
Espero que os guste esta tarta. Lo que está claro es que es para amantes del chocolate y que desde luego no ayuda a ninguna dieta que se esté siguiendo, porque esta tarta es contundente y tiene como mil calorías por ración pero está taaaaaaaaan buena que no importa realmente. ¡Así que animaos a hacerla y a disfrutarla!
viernes, 29 de enero de 2010
Buenos presagios

¿Qué ocurre cuando el creador de historias más inquietante e imaginativo se junta con el escritor más alocado y disparatado? O, para que se me entienda... ¿qué ocurre cuando Neil Gaiman se junta con Terry Pratchet? Pues que escriben un libro entretenido, irracional, ácido e irónico sobre el fin del mundo, el Apocalipsis y el Anticristo y encima van y lo titulan “Buenos Presagios”, por si no hubieran quedado claras sus intenciones.
En un principio, tuve la impresión de que se trataba de una mezcla que no funcionaría, quizás por el halo de hombre enigmático y atormentado que rodea a Neil Gaiman, lo que puede llegar a chocar con la aparente superficialidad de las obras de Terry Pratchet, pero hace un par de semanas me decidí a darle una oportunidad al experimento y ha terminado siendo todo un descubrimiento. Lo mejor de todo es que, aunque se puede llegar a identificar la aportación (desde el punto de vista creativo) de cada uno de los escritores, el conjunto no chirría, sino que se complementa a la perfección.
Y así nos encontramos con una visión de los últimos días de la Tierra a la que se le da una vuelta de tuerca para que resulte original y con un puntito cómico que le quita profundidad al tema y hace que la novela tenga una lectura ágil y entretenida. Porque la temática no es nada nueva: la eterna lucha entre el Bien y el Mal, el Cielo y el Infierno, el Armageddón, el fin de los tiempos marcado por el nacimiento del Anticristo que provocará la lucha definitiva de la que sólo puede salir un vencedor.
Pero como no podía ser menos, el tópico acaba ahí, porque en esos últimos días de la tierra nos encontramos con un grupo de personajes relevantes que pueden hacer que la balanza se incline hacia uno u otro lado: un Ángel y un Demonio unidos por una atípica amistad que demuestran que la mítica frase de “ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos” está más vigente que nunca; un cazador de brujas que no termina de creer en su existencia, una bruja encargada de interpretar las predicciones de un antepasado que, sorprendentemente, acertaba en sus augurios; un Perro del Infierno convertido en cachorro por obra y “gracia” de su dueño, el Anticristo, que a su vez es un chico travieso de 11 años sin consciencia de su temible poder... y toda una serie de alocados y divertidos sucesos en los que se ven envueltos los personajes mientras el mundo se aboca a su ¿inevitable? final.
Sé que quizás soy un poco pesada con mi adoración por Gaiman, pero es uno de los pocos “artistas” que no me han defraudado nunca y me sorprende enormemente su capacidad de creación, de invención, de elaborar historias aparentemente sencillas pero con un toque único que sólo él sabe darle. Y el hecho de que en esta ocasión estuviera también metido en el proyecto uno de los mejores escritores de literatura fantástica que he leído, no hace más que sumarle puntos al resultado.
Quizás no sea una obra maestra, pero desde luego es un libro inolvidable, de los que puedes releer de vez en cuanto porque siempre descubrirás nuevas referencias y detalles y porque las “bromas” te seguirán divirtiendo y sorprendiendo como si fuera la primera vez. Como siempre, por mucho que yo diga, no hay nada mejor que dejar que el libro hable por sí solo, así que aquí os dejo un fragmento, espero que os guste:
"Cuentan las teorías actuales acerca de la Creación que, si el Universo fue creado, y no sólo apareció allí, que es lo que ocurrió extraoficialmente, nació hace entre diez mil y veinte mil millones de años.Estas fechas están equivocadas.
Los eruditos judíos de la Edad Media establecieron la fecha de la Creación en el año 3760 a.C. Los teólogos griegos estimaron que se remontaba al 5508 a. C. Sugerencia que también está equivocada. El Arzobispo James Usher (1580 - 1656) publicó "Annales Veteris et Novi Testamenti" en 1654; en dicho documento se sugiere que el Cielo y la Tierra fueron creados en el 4004 a.C. Uno de sus consejeros profundizó en los cálculos y logró anunciar triunfalmente que la Tierra fue creada el Domingo 21 de octubre del año 4004 a.C., a las 9 en punto de la mañana, porque a dios le gustaba ponerse a trabajar bien pronto, aprovechando que estaba más despejado.
También se equivocó. Por algo menos de un cuarto de hora.
Todo el asunto de los esqueletos de dinosaurios fosilizados fue un chiste que los paleontólogos no acaban de coger. Lo que demuestra dos cosas: La primera, que Dios se rige por patrones extremadamente misteriosos, por no decir tortuosos.
(...)
La segunda, que la Tierra es Libra".
